Apareció la reina ataviada con sus mejores galas y empezó a hablar:
“Amigos, estamos todos aquí reunidos para celebrar el cumpleaños de Gómulo y como estaba anunciado vais a jugar al juego “La búsqueda del tesoro”. Al finalizar el rey entregará la medalla de oro del reino al ganador y lo celebraremos todos juntos con un gran pastel de chocolate. El juego consiste en los siguiente: He dejado una serie de pistas a lo largo del bosque. En cada pista se os indicará lo que tenéis que hacer. Tenéis que completar las 10 casas que hay a lo largo del recorrido. El que llegue primero a la meta será el ganador. Recordad: es necesario tener intuición para encontrar las pistas, fortaleza para no decaer nunca a lo largo del juego, agilidad para superar las pruebas y sobretodo confianza en uno mismo para llegar a la meta”
“Bravo, bravo, bravo!!!!!!!!! Gritaron todos.
“Pues en 3, 2, 1, empieza el juego!!!!!!”
Todos los participantes, se dirigieron al bosque y no paraban de correr arriba y abajo excitados en busca de las pistas. Gómulo llegó al bosque y empezó a observar. Él sabía ver, intuir lo que el bosque le decía. Había ido tantas veces que allí se sentía en su mundo. Su mundo secreto. El bosque hablaba pero solo a los animales que sabían escuchar con el corazón, sólo a los que sabían leer en los ojos de los demás sin palabras y sólo a los que se atrevían a soñar y a creer en los milagros. Y allí mientras todos los animales corrían sin parar buscando las pistas, Gómulo era guiado por las hadas del bosque y los duendes hacia cada una de las pistas. Él sonreía y saltaba de alegría cada vez que encontraba una pista e iba reconstruyendo el puzle. Estaba entusiasmado. Su pirata imaginario apareció y saltó ríos, subió montañas, corrió sin descanso de un sitio para otro y nunca se olvidó de dar las gracias a cada hada y a cada duende que se le aparecía. “Gracias, gracias, gracias!!!!!!” gritó Gómulo cuando llegaba extasiado a la meta. Antes de cruzarla se giró y dio las gracias a sus amigos del bosque que tanto le habían ayudado en esa aventura. “Gracias a ti, Gomulo, le contestaron ellos, gracias por escucharnos con el corazón y por hacernos partícipes de tus sueños e ilusiones y sobretodo por confiar. Eres un gran guerrero, las pruebas no han sido fáciles y tú las has pasado todas sin dejar de sonreír y luchar. Tu fortaleza física y mental junto con la fuerza de tu corazón te han hecho el ganador”. Y Gómulo cruzó la meta con los aplausos de todo el pueblo.